Tonalá; la fiesta en forma de cine
En una Bogotá
colosal, distintos y diminutos centros de entretenimiento buscan abrirse paso
para atraer la atención de aquellos curiosos ciudadanos, que buscan algo,
medianamente entretenido, para mitigar el frío y confundir la rutina.
Una tal Merced, resguarda en sus calles un espacio
que intenta sacar a los capitalinos de su ambiente común, que los estresa y
abruma. Una idea oriunda de México, propone integrar la fiesta, música y baile
en un solo lugar. Sin mencionar el plus adicional que suguiere; el cine. Es así como llegó, para quedarse, Cine Tonalá. Un espacio que busca
convertirse en el epicentro que reúne diversas manifestaciones artísticas.
Aquel independiente lugar, trae a sus acogedoras salas más de quince películas
al mes, cientos de fiestas temáticas, mucho teatro experimental, y hasta
decenas de talleres de cine y música.
Al llegar al
lugar, una luminosa valla dice en letras enormes " Cine Tonalá" y
debajo del mismo, expone el nombre de su fiesta temática más bizarra. Su
entrada angosta es custodiada por un hombre alto, moreno y acuerpado que
dice en voz gruesa: Bienvenidos a Cine Tonalá.
Extensa se torna
una fila de usuarios, y no precisamente de Transmilenio, es la taquilla de
Tonalá que está a punto de cerrar boletería. La delicada risa de una joven,
suena más fuerte que la banda sonora de "the Revenant" que ambienta el lugar. Las mesas están
invadidas por botellas de Heineken, y uno que otro plato vacío que evidencia
residuos de comida internacional.
Intentando
recuperar una vieja costumbre de barrio, al transmitir películas en una casa
antigua, Cine Tonalá intenta darle difusión al cine colombiano y sobre todo al
poco valorado cine sudamericano, que no tiene un lugar seguro en los grandes
conglomerados fílmicos.
Una extensa barra
de licores propone a un ágil camarero realizar una gran variedad de
cocteles elaborados, con distintas frutas y colores, tequila mexicano, aguardiente
colombiano y cervezas. Claro está, que para los más recatados también hay café.
Como a unos 25
grados de temperatura se encuentra el lugar. De no creer el calor, pero son
unas enormes lámparas de gas las que emanan y explican el clima infernal que parece
imposible en la fría capital.
Casi como mandato
divino se debe hacer la reserva previa de la boletaría, porque si se llega al
lugar, hay una gran probabilidad de que no encuentre ni una silla libre. Un
tanto desarreglada, y mal humorada, se encuentra la encargada del espacio de
taquilla, luego de estrellarse con una tribu ansiosa por reencontrarse con el
renacido.
Es su primera vez
en el lugar y Julián García no deja sus ojos quietos en ningún rincón de
Tonalá. Entusiasmado repite una y otra vez: "pequeño, pero bonito".
Todo es mágico en este mundo diminuto, es curioso y llamativo. Claro está, lo
más llamativo del lugar son sus cuadros desmesurados que cuelgan en la pared
con las carátulas de las películas del momento.
La boleta incluye
lo mejor de la producción independiente a nivel nacional e internacional,
haciendo énfasis en el Cine Latinoamericano. Si por el contrario el cliente
tiene un gusto más diverso y extremo, podrá atravesar el túnel para adentrarse
en la Sala Kubrick, donde podrá ver un cine más bizarro, que se desentiende de
la narrativa tradicional.
Antes de
abandonar el lugar, quien acuda a Tonalá debe probar alguno de los exquisitos
platos internacionales, centrados en la picante gastronomía mexicana, una
combinación de algún postre nacional y un trago que haga ameno el rato con los
amigos.
Independiente y
alternativo, se muestra Cine Tonalá. Lugar que le abre sus grandes puertas a
visitantes con expectativas diferentes. Mejor, que abre su estrecha entrada
custodiada por un gigante.
***
La noche era fría, pero el lugar era cálido. La compañía hizo más amena mi visita y los exquisitos aromas de comida internacional me empujaban a degustar al menos uno de los excéntricos platos que habían en el menú. Un lugar diferente, que invita a los bogotanos a salir de la rutina y de los típicos espacios que ofrece la ciudad.

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