Perdida en un
cuerpo de hombre
Para nadie es un secreto
que la homosexualidad es el peor pecado que puede cometer una personas en esta
sociedad que aún no entiende de libertades, pero es más pecado aún cuando la
persona desea cambiar totalmente su apariencia y más específicamente su género.
Michel Alexandro Valencia
nació como un niño común y corriente. Sus padres lo vestían con pantalones
anchos, camisetas y tenis, pero nunca pudo entender, el porqué de esa
vestimenta, que no le hacía resaltar su figura. En su cabeza rondaban mil
preguntas, sentía que había algo raro en su interior, pero eso no significaba
que estuviese mal.
Como todo niño normal
salía a su natal cuadra cucuteña a jugar con sus amigos, y cuando de fútbol se
trataba, prefería sentarse en el andén a mirarlos jugar. No le gustaba este
deporte y ningún otro que representara
masculinidad.
Sonia Carrillo, la mamá
de Michel siempre vio en su pequeño niño, aires de mujer, pero el miedo de
aceptarlo la desvelaba por las noches, y la hacia llorar en las madrugadas.
Tradicionalmente en Halloween lo disfrazaba de payaso o Pato Donald, pero él
quería ser una princesa, la cual tuviese un gran vestido, unos relucientes
tacones, y un príncipe encantador.
Era una persona
diferente, siempre lo supo, y aunque el yugo familiar y la presión de la
sociedad la empujaban a ser un hombre, no la obligaban a sentirse como uno. A
los 16 años, abrió sus alas y emigró de su hogar. Sus anchos hombros no podían
soportar más el peso de verse como un hombre.
Michel se decidió y
compró un labial, el primer símbolo femenino que llegó a su vida. La primera
muestra de que ya no quería ser más un hombre.
Su pelo oscuro y liso, su cara delicada y ropa, no evidencian que detrás
de esa apariencia masculina se escondiese una mujer.
Viajó a Bogotá, viéndola
como la capital de las puertas abiertas, pero fue recibida con desprecio, odio
y hasta envidia. Duro 2 meses en busca de donde vivir, pasando los días en
piezas en el centro de la ciudad. Nadie le dijo a Michel que sería fácil, pero tampoco.
El tan anhelado cambio
ocurrió poco a poco, pestaña a pestaña, cabello a cabello. Cada mañana su
rostro evidenciaba residuos de maquillaje, y la necesidad de que ese hecho la
hiciera ver diferente frente al espejo, creció cada día más. Regaló cada
pantalón, cada camisa, cada detalle que guardara un mínimo residuo de hombría.
Hasta que un día en su armario no quedó nada. Solo unos ganchos vacíos y
gavetas que esperaban ser surtidas con
prendas de mujer.
La exageración no forma parte
de agitada vida, porque quiere romper con el prototipo de travesti que se
maquilla descontroladamente, utiliza minifaldas y tacones colosales. El creerse
una mujer, la ha convertido en una ante su espejo. Y eso es lo que quiere que
la gente vea, un hermosa mujer como cualquier otra, bonita y feliz.
Pero nadie olvida el
pecado mortal que está cometiendo, porque aun en pleno siglo XXI la
intolerancia se adueña de las opiniones colectivas. La gente muchas veces la
mira de arriba abajo, y no falta el que pasa y le grita “Maricón”. Ese pecado
mortal que es condenado por los ojos morbosos de quienes la juzgan a alguien
por el simple hecho de querer ser diferente. Se llena de dolor, se llena de
ira, y por último levanta la cabeza y le demuestra al mundo que es una
orgullosa mujer.
Nelson Valencia de
tendencias conservadoras, no podía perdonarle a su hijo querer ser una suave
mujer. Pero las lecciones para ese padre estaban por venir. Tenia 2 hijos
varones y una mujer. Michel ya no quería ser hombre, y al poco tiempo se enteró de que su hijo
mayor tampoco quería serlo. Ahora Nelson tenía 3 hijas y si no quería perder a
la mitad de su familia, debía tratarlas como tal.
Los sueños no dan espera
y luego de que al levantarse en las mañanas ya no se apareciera más ese Michel
masculino, decidió trabajar. Ella quería ser presentadora. Fue así como uno de los proyectos del
Distrito que ayuda a la comunidad LGBTI
a encontrar un trabajo digno, le abrió las puertas a Michel. Hoy es la
primera presentadora transgenerista en Colombia.
Tacones, no muy altos, y constantes
ensayos marcan esos pasos que quiere dar con grandeza. Su cuerpo reluce cuatro
tatuajes que simbolizan su belleza interior, esa feminidad que quiere
transmitirle al mundo. Una mariposa en la pantorrilla derecha, un signo de
belleza hindú en su espalda, su nombre en el abdomen en forma de sello japonés
y un rebelde caballito de mar en su nuca. Esa tinta llena su cuerpo, como queriendo volver más
delicada su esencia.
Canal Capital fue el
primer espacio que le abrió las puertas para demostrar su talento. Ante la oposición de muchos, se ganó su
puesto en el canal y realizó diversos trabajos ligados a la presentación y al
modelaje, con el apoyo del anterior alcalde Gustavo Petro.
Cada vez que viaja a
Cúcuta la ven como Michelito, pero ya no sufre en silencio. Ella es una mujer.
Y la relación son su padre cambió del cielo a la tierra. Aquél padre que se
sentía deshonrado, hoy orgulloso compra las revistas donde Michel sale en la
portada, y les muestra a sus amigos la belleza de su hija.
Tiene aspecto de mujer, a
los ojos de cualquiera, pero orgullosa y anatómicamente conserva sus partes
masculinas. Ella siente que no necesita tener una operación de sexo para
sentirse una mujer. Con el respeto que tiene la cirugía de cambio de sexo y las
mujeres que se operan, Michel siente que puede hacer muchas cosas, pero para
ella el sentirse y verse mujer no tiene nada que ver con lo que tiene en medio
de sus piernas.
***
Hace cuánto tiempo vivimos en el mismo conjunto, no lo sé. Siempre había rescatado la elegancia de Michel, pero no compartía algunas actitudes. Fue su hermana, Johan, quien hizo posible el encuentro. Fue algo rápido en su apartamento, un tanto seria y no me permitió tomarle fotos, su excusa fue el no estar bien arreglada. No es fácil para Michel muchas de las situaciones que se le presentan. Su hermana me confirma que tiene un carácter muy fuerte y apenas termino el cuestionario, le agradezco y salgo del apartamento.